Recibir al pizzero en bragas o cubiertas con una toalla que se les cae simulando un descuido ya es cosa del pasado. Ahora las guarrillas  van a saco y recogen la pizza totalmente desnuda y sin ningún pudor.

A ver cuando alguna da con la horma de su zapato y , en vez de una pizza, se come un perrito.

 

  

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