Con todo el campo que tiene, a la jodía muchacha y su novio no se le ocurre otra cosa que irse a echar el kiki todas las tardes en las traseras de su casa. Y no sería mal sitio si no fuera porque su vecino es un pervertido voyeur que los tiene fichados y les graba con una cámara conectada directamente a la tele del salón de su casa.

 

 

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